Unique Town in Mexico by severals ways, 3 of
them...
Magic Town
(2005) • Wonderful Natural
(2007) • Heritage of
Humanity (2009)
Places of memory
and living traditions of the Otomí-Chichimecas people of Tolimán:
The Peña de Bernal,
guardian of a sacred territory
Inscribed in 2009 on the Representative List of the Intangible
Cultural Heritage of Humanity
Living in the semi-desert zone of the state of Querétaro
in central Mexico, the Otomí-Chichimeca people have developed a range of
traditions that express a unique relationship with their local
topography and ecology. Their cultural environment is dominated by a
symbolic triangle formed by the Zamorano and Frontón hills and the
Bernal rock. It is to these sacred hills that people make annual
pilgrimages bearing miraculous crosses to pray for water and divine
protection, venerate their ancestors and celebrate their communal
identity and continuity. Other community festivities throughout the year
make up a calendar of rituals centred on water, a dangerously scarce
element in this climate, and dedicated to the endurance of the
Otomí-Chichimeca people. The rituals often occur in intimate family
chapels dedicated to ancestors or in chimales, temporary but
impressive reed structures with leaf roofs built as an offering, an
emblem of endurance and a symbol of vitality and belonging. The
relationship between spiritual culture and physical space is influential
on the art of the region – including religious images, murals, dance and
music – and the traditions that embody it are central components of the
cultural identity of the community.
Lugares de
memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán:
La Peña de
Bernal, guardiana de un territorio sagrado
Inscrito en 2009 sobre la Lista Representativa del Patrimonio Cultural
Inmaterial de la Humanidad
El pueblo otomí-chichimeca, asentado en la zona
semidesértica del Estado de Querétaro, en el centro de México, ha
conservado un conjunto de tradiciones que son testimonio de su relación
excepcional con la topografía y el medio ambiente circundantes. Su entorno
cultural está presidido por el triángulo simbólico que forman la Peña de
Bernal y los cerros del Zamorano y el Frontón. Todos los años, los
otomí-chichimecas se congregan para ir en peregrinación a estas
elevaciones sagradas llevando cruces milagrosas, a fin de impetrar la
lluvia y la protección divina, venerar a sus antepasados y exaltar la
identidad y continuidad de su comunidad. A lo largo de todo el año tienen
lugar otras festividades comunitarias que constituyen todo un calendario
de celebraciones de ritos centrados en el agua –un elemento sumamente
escaso debido al clima de la región– y que exaltan la capacidad de
resistencia del pueblo otomí-chichimeca. La celebración de los ritos suele
efectuarse en capillas familiares privadas consagradas al culto de los
antepasados, o se manifiesta con la elevación de los chimales –imponentes
estructuras temporales construidas con carrizo y recubiertas de plantas
silvestres– que son ofrendas y símbolos de la resistencia, la vitalidad y
sentimiento identitario de la comunidad. El vínculo entre la cultura
espiritual y el espacio físico ejerce una influencia en el arte de la
región –en particular en las imágenes religiosas, las pinturas murales,
las danzas y la música– y las costumbres que encarnan ese vínculo son
componentes esenciales de la identidad cultural de la comunidad.